ADQUISICIONES, AUDICIONES, DILUCIDACIONES
Ocasionalmente por motivos laborales viajo a Rivera (no, no soy el zar del tráfico de ticholos), ciudad cuyo único atractivo se encuentra precisamente fuera de ella: la disquería Sopranos, orgullo musical de Santa Ana do Livramente, es decir, Brasil.De visita obligada, uno nunca sale indiferente o con las manos vacías: en sus bateas he encontrado material de Van Morrison, My Morning Jacket, The Fiery Furnaces, Johnny Cash y hasta de The Supersonicos y los precios, más allá de ventajas cambiarias, siempre son convenientes. Los empleados son amables, no molestan y te dejan revisar tranquilo, pero una vez que hayas elegido algo, tratarán indefectiblemente de encajarte otro disco siguiendo un misterioso criterio de recomendación. Por ejemplo, cuando compré "Phantom Power" de Super Furry Animals me ofrecieron, como si fuera el paso evolutivo siguiente, el primero de Kings of Leon. Enigmático.
En mi última visita compré dos discos que me tienen totalmente enganchado. Uno es "So much for the city", el debut de The Thrills, irlandeses hasta la médula pero obsesionados con The Byrds, Phil Spector y los Beach Boys, o sea, ese pop que no tiene nada que ver con lo que normalmente se (mal)entiende por pop. Arreglos delicados, cierta candidez melancólica, algún arranque de fuerza finamente contenido y una voz que, lo reconozco, puede llegar a cansar por su tono lánguido pero que en el resultado final no molesta, a no ser que te excedas en la dosis de escuchas. También apelan a las slides y los arreglos de cuerdas, y si me apuran, les encuentro una gran influencia del FM rock de los setenta, pero no en el sentido en que lo absorbieron Foo Fighters ("Monkey wrench") o Hole ("Malibu") sino en su faceta más blanduzca, y es que la sombra de Fleetwood Mac es más larga de lo que me gustaría admitir. No suena nada bien, lo sé, pero me encantan. El video de "Santa Cruz (you´re not that far") tuvo cierta rotación en algún programa de MTV que aún conserva la decencia y el buen gusto, pero creo que fue un intento fallido por parte de ambos ya que si bien podrían ser encasillados como retro (concepto tan inútil como odioso) no sería en el aspecto cool impuesto por las modas: su imagen parece sacada de esas películas que narran las calentorras aventuras de universitarios yanquis tipo "Porky´s" o la brillante "Fast times at Ridgemont High". Es lo de menos, claro. Canciones como la mencionada, "Big Sur" (sí, están fascinados con California), "Deckchairs and cigarettes" o "Hollywood kids" valen por sí solas más cualquier moda. Muy recomendables, y ya editaron o están próximos a hacerlo, un nuevo disco.
El otro grupo que me sorprendió mucho es Guided By Voices. Ya los había escuchado a principios de los noventa, cuando eran alabados no sólo por su música sino también por su curioso profesionalismo (o falta de) y francamente su sonido intencionalmente descuidado, tosco, esculpido en una catarata de canciones no me afectó para nada. Pero gracias a la admiración que les profesan individuos como Benito, Sigmur o Pedro decidí darles otra oportunidad y no he salido defraudado. "Under the bushes under the stars" requiere atención, no es un disco que atrape a la primera escucha pero una vez que le encontrás la gracia, se vuelve casi adictivo. Está compuesto por todos los ingredientes que caracterizan a los mejores trabajos de esta gente (y este es uno): muchas canciones (casi todas buenas, algunas no tanto, títulos misteriosos ("Man called aerodynamics", "The official ironmen rally song", "Bright paper werewolves") y la extraña poesía de Robert Pollard arropada por un agradable envoltorio pop. Además graban para Matador, lo que en algún momento de la pasada década era señal de calidad.
Así que ya saben: si van para el norte, además de visitar free shops (vodka Absolut a U$S 9!!) crucen la calle más internacional de nuestro país y busquen la disquería Sopranos. Me lo agradecerán.
En mi última visita compré dos discos que me tienen totalmente enganchado. Uno es "So much for the city", el debut de The Thrills, irlandeses hasta la médula pero obsesionados con The Byrds, Phil Spector y los Beach Boys, o sea, ese pop que no tiene nada que ver con lo que normalmente se (mal)entiende por pop. Arreglos delicados, cierta candidez melancólica, algún arranque de fuerza finamente contenido y una voz que, lo reconozco, puede llegar a cansar por su tono lánguido pero que en el resultado final no molesta, a no ser que te excedas en la dosis de escuchas. También apelan a las slides y los arreglos de cuerdas, y si me apuran, les encuentro una gran influencia del FM rock de los setenta, pero no en el sentido en que lo absorbieron Foo Fighters ("Monkey wrench") o Hole ("Malibu") sino en su faceta más blanduzca, y es que la sombra de Fleetwood Mac es más larga de lo que me gustaría admitir. No suena nada bien, lo sé, pero me encantan. El video de "Santa Cruz (you´re not that far") tuvo cierta rotación en algún programa de MTV que aún conserva la decencia y el buen gusto, pero creo que fue un intento fallido por parte de ambos ya que si bien podrían ser encasillados como retro (concepto tan inútil como odioso) no sería en el aspecto cool impuesto por las modas: su imagen parece sacada de esas películas que narran las calentorras aventuras de universitarios yanquis tipo "Porky´s" o la brillante "Fast times at Ridgemont High". Es lo de menos, claro. Canciones como la mencionada, "Big Sur" (sí, están fascinados con California), "Deckchairs and cigarettes" o "Hollywood kids" valen por sí solas más cualquier moda. Muy recomendables, y ya editaron o están próximos a hacerlo, un nuevo disco.
El otro grupo que me sorprendió mucho es Guided By Voices. Ya los había escuchado a principios de los noventa, cuando eran alabados no sólo por su música sino también por su curioso profesionalismo (o falta de) y francamente su sonido intencionalmente descuidado, tosco, esculpido en una catarata de canciones no me afectó para nada. Pero gracias a la admiración que les profesan individuos como Benito, Sigmur o Pedro decidí darles otra oportunidad y no he salido defraudado. "Under the bushes under the stars" requiere atención, no es un disco que atrape a la primera escucha pero una vez que le encontrás la gracia, se vuelve casi adictivo. Está compuesto por todos los ingredientes que caracterizan a los mejores trabajos de esta gente (y este es uno): muchas canciones (casi todas buenas, algunas no tanto, títulos misteriosos ("Man called aerodynamics", "The official ironmen rally song", "Bright paper werewolves") y la extraña poesía de Robert Pollard arropada por un agradable envoltorio pop. Además graban para Matador, lo que en algún momento de la pasada década era señal de calidad.
Así que ya saben: si van para el norte, además de visitar free shops (vodka Absolut a U$S 9!!) crucen la calle más internacional de nuestro país y busquen la disquería Sopranos. Me lo agradecerán.
